viernes, 24 de septiembre de 2010

Nadando riñonada

El dolor se esparcía por la espalda con destellos de mortaja, la noche entera dando vueltas sobre la idea del sudor.
Párate al baño: el ardor que quema y recuerda el músculo vacío que aprieta con fuerzas las vísceras. Crónicas de tocador, madrugada alucinante. Fuera de mí probablemente ya no duela.
Finalmente no queda otra salida, yace tendida sobre la camilla la sombra de mis huesos temblando por el frío de la pulcra sala.
La vena se abre deseosa a recibir la aguja portadora feliz de la bolsa de calmantes, el frío se intensifica con el fluir del líquido por las venas, lento como motas de nieve por los brazos delgadísimos de la insomne.
La figura deseada de una mujer en azul abre paso al aliento del gusano que con su tibio roncar calienta la cama llevando el destino a un viaje delicioso.
Agua tibia de vientre, azul intenso que vierte en los ojos dulces aceites, una mano desde el fondo se apodera del cuello dominando, haciendo tierra en mis lunares. Al fondo más azul y gris en escalas de sonidos que hablan del mar adentro, más adentro.
Los ojos que me ven y me veo en ellos mirándolos, se detiene el agua en su tibio andar para dar paso a un puente rojo vivo, no logro atravesarlo y leo:
- Cruza
-No hay manera, me distrae tu mano en mi cuello
-Se pueden cruzar a placer, para eso están

jueves, 29 de abril de 2010

La merienda de la papaya verde



El último bichito del planeta quería irse de viaje por ahí, dejar atrás el ruido de las aspiadoras ensordecedoras y la calima, definitivamete volar a un jardín iluminado y verde muy verde. Vió que sus alas, cortas como las de la maiquita, no eran lo suficietemete fuertes para hacerlo llegar lejos.


Consiguió la manera de llegar al jardín, compartiendo las horas de vuelo y juntando millas...


Viene celebrando con una taza de té y una merienda el 8 y 9 de mayo, sí el mismo día de las madres ¿Qué mejor excusa para celebrar la vida y lo verde del jardín?